Chacariteños resisten y piden una vivienda digna para todos

por periodicosinpermiso

Un grupo de aproximadamente cien pobladores de la zona chacariteña conocida como Barrio Chino marchó el 17 de noviembre por el centro de Asunción, pidiendo “vivienda digna o indemnización justa”. Los manifestantes se dirigieron hacia el ministerio de obras públicas (MOPC), cerrando varias esquinas en el microcentro. Durante toda la manifestación, los vecinos gritaron consignas, explotaron petardos, repartieron panfletos a los pasantes y pintaron grafitis por el trayecto.

Alrededor de unas 40 familias están tomando la lucha en sus propias manos, la viven desde la primera persona y se organizan en una asamblea autónoma, algo que merece nuestra solidaridad.

Son familias que están amenazadas por el proyecto denominado “Franja Costera”, que ya está siendo implementado por el MOPC y la Municipalidad. Esto, para los chacariteños implica abandonar el lugar donde siempre vivieron. En términos prácticos, significa desalojar el Barrio Chino (y próximamente gran parte de la Chaca), destruir un modo de vivir, un tejido social. El gobierno está separando vecinos, rompiendo relaciones y amistades. Estamos hablando de un proyecto que va a cambiar profundamente la vida en Asunción. Un cambio que se presenta como abrir la ciudad para todos, crear más espacio público, dar acceso al río. Todo lindo. Pero la realidad es otra.

Si miramos quienes están detrás de este proyecto, no nos cuesta mucho adivinar sus objetivos principales. Un puñado de inmobiliarias, especuladores y empresarios sin duda ya están pensando en donde van a construir un shopping o un barrio cheto. Ciertamente, la Avenida Costanera va a abrir la zona, principalmente para turistas, la clase media consumidora y el capital en general.

Para eso, se tiene que borrar la Chacarita (una mancha en el paisaje), echar a los pobres de la vista,  ignorarlos, como si fuera que no existen. Quieren mudar a los chacariteños a la periferia, donde no ‘molesten’ pero donde les esperan las mismas miserias: vivir en una choza, en un barrio donde reina la pobreza y donde el chespi destruye cada día a más jóvenes. Lejos del centro tendrán aún menos perspectivas: la mayoría de los pobladores actualmente trabaja como vendedor ambulante o reciclador de basura; trabajos informales que dependen de su ubicación céntrica.

Cualquier persona que haya visitado los barrios de la Chaca, puede darse cuenta que es un lugar de convivencia donde la vida fluye. No todo es chespi. Mujeres y hombres reciclan basura, se juntan, toman tereré y conversan, juegan pikivoley, aprenden costura, organizan fiestas comunitarias; los niños inventan juegos, van a la escuelita de fútbol, de danza. Es un barrio donde se forman y fortalecen amistades y se generan conflictos, muy propios de cualquier interrelación humana. Viven sus alegrías y miserias en un espacio común. Un lugar lleno de vida que tiene que desaparecer.

La Chaca es sólo uno de los tantos lugares que es obligado a ceder ante un proyecto donde manda el dinero.